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lunes, 2 de febrero de 2009

El precio de mi libertad

Ahora que mis ambiciones reposan en la consecución de éxitos económicos, echo de menos esa época en las que estas se dirigían a mi aumento de la visión o reformación de mi yo. Ahora me siento que me estoy carcomiendo, la dirección de tu vida hacia el capitalismo de tu alma, te mata y no lentamente. Asesina tu humanidad, tu humildad, tu calma, restringe tus miras, coarta tus pensamientos, aniquila tu espontaneidad, ignora tu subconsciente… la lista es inacabable, y cuando te dispones a nombrar lo que te aporta, sólo aparece una frase: alimenta tus sueños de riqueza y supongo que si sigo con esta filosofía puedes acabar enriqueciéndote.
Hubo un tiempo que mi ansias de superación personal eran mi mejor compañía, hubo un tiempo que modulaba mi voz para que su sonido acompañara la dignidad de mis argumentos, pasó que con quien más hablaba era el silencio, recuerdo semanas enteras de continuada entereza… la verdad es que podría hacer una lista ardua más larga que la anterior.
Superponiendo estos dos parágrafos parece clara cuál es mi nueva intención, ¿verdad? Pues no, voy a seguir mi descenso al valle, mi debacle va a continuar tres años más. Estoy decidido, todo y a sabiendas de que los riesgos de no regresión son posibles.
No conozco otro camino para la obtención de libertad necesaria para la consecución de mi camino. Hoy en día el dinero manda sobre todo y todos, si lo consigo puedo comprar mi libertad, por eso sacrifico parte de mida, para comprar mi libertad, que triste pero que cierto. La vida se presenta, para que tomes decisiones, para cómo dijo Nietzche vivas peligrosamente, al menos yo habré jugado un partida de la forma más arriesgada y divertida que conozco. Sin dolor no hay superación posible, sin superación no hay realización y esta es le principio de la felicidad meta única para cada uno de nosotros. ¿Juegas?